#CrónicasDelCentro Presenta: Luchas, menudo y nostalgia
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#CrónicasDelCentro Presenta: Luchas, menudo y nostalgia

#CrónicasDelCentro Presenta: Luchas, menudo y nostalgia
Foto: José María Cárdenas
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MEXICALI, Baja California(GH)
Domingo por la mañana con un benévolo nivel en el termómetro debajo de los 25 grados centígrados. Desde las cinco de la mañana, los pasillos del mercado municipal “Esteban Cantú” se colman del bullicio de comerciantes, clientes, viandantes y trabajadores.

Sus pasajes y corredores transportan a cualquier cachanilla a los mercados de ciudades en el centro y sur del país, donde se camina entre cargadores de costales de cebollas, chile o tomate, entre tortilleras o meseras que van y vienen con órdenes de comida.

Frente a una barra tapizada en azulejos, un humeante plato a tope con menudo rojo nos da la mejor de las bienvenidas, servido por el heredero de uno de los restaurantes más emblemáticos de este mercado que para muchos mexicalenses ha pasado desapercibido.

En esta misma barra en la que desayunamos, es donde rudos y técnicos de la lucha libre local y nacional han convivido y compartido los alimentos, fuera de las llaves, los hurracarranas, los pierrotazos, las quebradoras, los tirabuzones y las patadas voladoras.

Entre máscaras y afiches de los héroes del pancracio mexicano, una tradición llegada desde Guanajuato hace medio siglo se encuentra escondida en un pequeño mercado de comida dentro del Centro Histórico de Mexicali. Esta es la historia de la Menudería Santa Ana P.



Desde la calle

En la zona limítrofe con Michoacán se encuentra un pequeño poblado llamado Santa Ana Pacueco, en el estado de Guanajuato, bañado con las aguas del río Lerma. Aquí es donde comenzó el legado.

Don Rafael Villegas Sánchez salió hace más de medio siglo de su pueblo con dirección a la frontera bajacaliforniana. Comerciante de toda la vida, se dispuso a probar suerte en Mexicali, durante el apogeo del oro blanco.

Con dos de sus hijos, Ramón y Rafael, encontró un lugar para vender uno de los platillos que sabía cocinar con la receta familiar: el menudo. Comenzaron con una carreta en la esquina de Altamirano y Lerdo, a las afueras de un banco.

Su nieto, Rafael Villegas Cuevas, no recuerda la fecha en que inició su abuelo con el negocio, pero está seguro que fue durante el invierno de 1968, porque las ventas fueron tan buenas que forjaron el futuro de la menudería que hoy dirige él.



El nuevo mercado

El Mercado “Esteban Cantú” se construyó e inauguró durante el V Ayuntamiento de Mexicali, encabezado por el alcalde José Rodríguez Mérida y durante el mandato del gobernador Raúl Sánchez Díaz.

A todos los comerciantes ambulantes que se encontraban en la zona se les dieron facilidades para adquirir un local para formalizar su negocio y fue así como los Villegas habitaron el local 29 del mercado, que anteriormente fue un gran bar conocido como el Jardín Azteca.

Poco a poco, este mercado a la hechura de los del centro y sur del país, se llenó de vida durante décadas, hasta que el abandono intermitente de la zona comenzó a causar estragos entre los locatarios y el propio edificio.



Dos de tres caídas

Un concurso de dibujo y colección de estampas en una revista de lucha libre fueron el inicio de la manía por el encordado. Don Ramón Villegas Cuevas, ganó una máscara del Santo y sería la primera de decenas que decoran hoy la menudería familiar.

Su presencia era obligatoria en las luchas del auditorio de Mexicali, los gimnasios y la Arena Nacionalista, donde se codeó con los luchadores y los promotores, a quienes invitaba a comer menudo; así fue como inició la tradición.

La relación entre la gastronomía y el cuadrilátero llegó al punto que los comensales relacionaron a la menudería con un museo a la lucha libre, con las más de 85 máscaras que se exhiben, las fotos autografiadas, los afiches, las imágenes y artículos relacionados a la lucha libre mexicana.

Uno de los más preciados souvenirs del deporte mexicano es una camiseta que el “Porky”, luchador de la Triple AAA, dejó al dueño con la firma de otros doce compañeros de batalla y que hoy adorna el comedor de la menudería.

Decenas de otros objetos que les han regalado con el tiempo, como capas y botas de los luchadores, se encuentran en la colección y Rafael asegura que algún día habrán de colocarlos en el negocio.

La lucha libre forma parte del escudo familiar de los Villegas desde entonces.



Más que luchas

Este restaurante urbano guarda más que antiguas memorias de luchadores, sino también una larga tradición culinaria callejera, que bien atiende paladares tradicionales como amantes de las excentricidades.

Bofe, nervio, pata, callo, tripa y panza forman parte del menú para conocedores en las variedades de menudo que ofrecen en el lugar, junto con el infaltable café, los jugos naturales o las sodas.

Don Ramón dejó de atender el local hace unos 20 años, pero eso no detuvo a su sobrino Rafael de seguir con la colección de botellas de refresco, leche o jugos de embotelladoras extintas que se exhiben en las paredes del restaurante o de las antiguas cajas de cigarros.

Todo el conjunto de artículos de colección forman una oda a la lucha libre, al arte de comer en la calle y a la nostalgia del viejo Mexicali que vio nacer el mercado Esteban Cantú en el pleno corazón de la ciudad.



La Era Familiar

Don Rafael, el fundador del negocio familiar, falleció hace 20 años, poco antes de que naciera una de sus nietas, la cuarta generación de los Villegas en Mexicali. Su hijo, Ramón, atendió el local por 48 años y se retiró hace poco. Ya no suele visitar siquiera la menudería, dice su sobrino.

“Si no le gusta, lo paga doble”, era uno de sus dichos al atender a los clientes. Rafael, actual encargado, revela que su tío sigue conservando la receta del mole rojo que sirve para el menudo de este sabor, aunque probablemente pronto herede la receta.

La menudería ha sido testigo del ir y venir de leyendas como Súper Muñeco, El Texano, Super Astro, Black Shadow, Expectro o la del excéntrico TNT, el luchador que se presentaba con una boa en sus funciones.



El legado de la menudería familiar es incierto. La cuarta generación de los Villegas es de profesionistas que buscan otros horizontes. Sin embargo, Rafael espera atender la menudería otros veinte años, al menos, y también expandirse a otra zona, sin salir del Centro Histórico.

El aspecto actual del Centro Histórico afecta, dice, la falta de atención a los espacios públicos con una banqueta decadente y calles que urgen de rehabilitación o la limpieza general de la zona, son parte de los obstáculos para mejorar el corazón de la ciudad.

Rafael tomó clases de lucha grecorromana buscando ser luchador profesional, pero le ganó la sangre de comerciante, y a su modo, supo combinar ambas aficiones para seguir de pie en su estilo particular, en un exhausto Centro Histórico cachanilla.
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