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Peras al olmo
Valdemar Jiménez
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Deporte y Arte Con el perdón de mi amigo y compañero de este diario, Manuel Ramos, por meterme a su tema del deporte, un hecho lamentable, desgraciadamente, como lo es la muerte del maestro Ignacio “Canas” Rentería, me sugirió escribir lo siguiente: el 30 de marzo último saludé durante el acostumbrado pago de docentes jubilados, a mi amigo y compañero Astulfo Matus, que fuera famoso basquetbolista, como lo fue el citado Rentería. Charlamos recordando a su hermano Alfonso Matus, que murió hace poco y que fue un artista de la música, al que conocí en Tijuana en los años 40 del siglo XX, cuando él formaba parte de un conjunto de música tropical que dirigía el maestro cubano Santos Carbó; los tres, al poco tiempo, nos encontramos residiendo en Mexicali, siendo muy buenos amigos. Estas remembranzas me hicieron recordar que durante mi niñez y juventud, entre las varias actividades realizadas, practiqué algunos deportes, como el softbol, el béisbol y el básquetbol y, cuando formaba parte de un equipo de maestros de la zona rural, tuve el honor de jugar en el viejo e histórico Gimnasio de la Avenida Reforma. La práctica del deporte me ayudó a conservarme sano por muchos años, de tal forma que quienes me conocieron hace tiempo, coinciden al describirme como “alto y delgado”. La actividad en todos sentidos contribuye a tener una larga vida, como es mi caso y lo son varios de mis amigos con más de 90 años de edad.



Aunque no creo en las premoniciones y comunicaciones telepáticas, hay cosas que suceden extrañamente, que nos hacen medir sobre su existencia, como es el caso siguiente: el martes en la noche (28 de abril pasado), un día antes de ir a cobrar mi pensión, recordé la plática que había tenido con Astulfo Matus y me reproché mentalmente no haberle preguntado sobre su amigo y compañero basquetbolista Ignacio “Canas” Rentería. A quien conocí desde antes que fuera famoso jugador de básquetbol y trabajaba de empleado en una tienda de ropa conocida como “De los Hermanos García”, que estaba en el centro histórico de Mexicali. Lo que me dejó sorprendido y estupefacto fue encontrarme al llegar a cobrar el día siguiente (29 de abril pasado), a un compañero maestro jubilado que me saludó diciéndome: “¿Ya sabes que murió “El Canas Renteria”?; ahorita está en la funeraria”. Sus palabras me dejaron mudo, recordando que precisamente estuve pensando en él, la noche anterior. Son casualidades o coincidencias que se dan; pero que sin querer nos hacen reflexionar sobre ellas. A la familia de mi amigo fallecido, vayan mis sentidas condolencias.



Pudiera pensarse que lo expresado es algo vanal; sin importancia; pero yo opino que la tiene y no me salgo del tema expuesto en el título de la columna, por lo siguiente: Las personas citadas son valores que dejaron huella, tanto en el arte, como Santos Carbó y Alfonso Matus, que nació en pleno centro histórico de Mexicali (en terrenos que ocupó La Jabonera, coincidentemente el mismo año que nací yo (1926); era de mi edad y cuando lo conocí en Tijuana, era como yo: alto y delgado; se despidió de mí telefónicamente antes de morir: dirigió varias bandas de música en la ciudad y acompaño musicalmente a artistas (cantantes famosos nacionalmente). Los recuerdo a todos con cariño. Tanto “El Canas” como Matus brillaron en el deporte ráfaga.



* El autor es escritor.


Fecha de Publicación: 08/05/2015



   
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