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Cárcel de papel
Antonio Magaña es periodista y columnista local/comentarista de televisión.
Ellas no son las Hermanitas Núñez, ni cantan como ellas “Mi barquita de madera”, “Tu retratito lo traigo en mi cartera” o “Ni en Toda la Chapa”. No son Las Jilguerillas, ni el juvenil dueto de Pili y Mili. No son las Hermanas Águila, ni las Hermanas Navarro ni las hermanas Huerta. Tampoco son las dulces hermanitas Vivanco, de blanca cabellera.
No tienen nada qué ver con las austeras hermanas mercenarias de la caridad, ni con las férreas hermanas de la Magdalena, ni con las pacientes hermanas de la misericordia, ni con las compasivas hermanas de la providencia, ni con las piadosas hermanas de la Compañía de la Cruz de la Madre Angelita. No son Nena y Lola, ellas son simplemente las hermanas Arjona, Maribel y Rocío.
A veces una buena acción o un acto humanitario, como otorgar un aval a un familiar, prestar a un compadre, socorrer a un amigo o hacer un favor a un compañero de trabajo, se convierte en un infierno. Sin esperarlo, el proceder bienintencionado se paga con una traición, la ingratitud, el olvido o el desprecio.
Cuando el doctor José Espinoza Astorga era director de Servicios Médicos Municipales, las hermanas Arjona acudieron ante él para pedirle que permitiera el ingreso de su padre moribundo, quien “echaba sangre por la boca”, a un hospital privado. El galeno firmó la autorización para que el enfermo fuera atendido, sin demora y con cargo al erario, en el prestigiado hospital Santa Catalina.
Las hermanas Arjona eran funcionarias del alegre Decimoséptimo Ayuntamiento de Mexicali. Rocío se desempeñaba como coordinadora del área de Relaciones Internacionales y Maribel como tesorera y mujer de todas confianzas del entonces alcalde y cantante Jaime Rafael Díaz Ochoa.
La madre estaba registrada para recibir los servicios médicos particulares, el padre no, pero ante la urgencia del caso, el doctor Espinoza autorizó la internación del padre en el nosocomio con la condición de que en las próximas horas se le entregaran los documentos necesarios para acreditar que podía también gozar de esa prestación médica.
Los requisitos que se debían presentar ante la Dirección de Servicios Médicos eran mínimos: Una carta notariada certificada en donde se diera fe de la dependencia económica del familiar, el comprobante de que no estuviera afiliado a ninguna institución de salud, acta de nacimiento y fotografías recientes del beneficiario.
El enfermo duró varias semanas hospitalizado. Su agonía fue larga y dolorosa. Durante esos días aciagos, la familia vivió de noche y día en el sanatorio. La supervisión médica estuvo a cargo del doctor Rodolfo Ruiz Vigil, quien finalmente firmó el acta de defunción número 1945, del libro 10, foja 145, por muerte natural, causada por una peritonitis aguda.
La Sindicatura Municipal resolvió inhabilitar por dos años al doctor José Espinoza Astorga por su falta de diligencia para integrar el expediente del señor Armando Arjona y no darse cuenta que quien en realidad recibió los servicios médicos en el prestigiado hospital fue el tío de las hermanas Arjona, el finado don Fortunato Benítez Estrada, en lugar de su padre.
A las hermanas Arjona se les inhabilitó por tres años por hacer pasar a su tío como su papá para que los servicios hospitalarios fueran pagados con fondos municipales. A Espinoza Astorga se le condenó a pagar el daño patrimonial, más un tanto, que en total suma un millón 80 mil pesos.
Maribel y Rocío deben restituir el daño patrimonial más dos tantos, por lo que cada una tendrá que pagar más de un millón y medio de pesos.
En su defensa ante la Sindicatura, Maribel y Rocío alegan que el doctor José Espinosa Astorga estaba al tanto de lo sucedido. Que les aseguró que su tío podía ser atendido en el hospital, siempre y cuando se demostrara que era dependiente económico de una de ellas.
El doctor Espinoza asegura que nunca se dio cuenta de que el paciente internado en el hospital no era el padre las hermanas Arjona. Que en aquellos momentos, tan aciagos para la familia, no le pareció prudente exigirle los requisitos para que pudiera recibir esos servicios de urgencia.
Afirma que los sorprendieron y abusaron de su buena fe. Que ni él ni el doctor Rodolfo Ruiz Vigil jamás se dieron cuenta, ni aun después de la muerte de don Fortunato, de la suplantación de persona. Que las hermanas Arjona nunca pensaron que el PAN iba a perder la Presidencia Municipal, que a eso le apostaron, que de no ser así, de este caso no se hubiera sabido nada.
Justifica su omisión por las dramáticas circunstancias que rodearon el caso. Considera injusta la resolución de la Sindicatura, pues dice que siempre actuó de buena fe. Que le pasó lo de aquella canción de Tomás Méndez: “Cárcel de papel/ con barrotes que tienen mi nombre/ una firma fue/ la que hundiera mi vida en un infierno/ cárcel de papel…”.
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Refilón: Mientras sea dinero público, hasta en las cortes interplanetarias se puede pelear el caso del Todo Americano.
Pequeña gran contradicción: No hay dinero para grandes obras, pero sí para gastarlo en causas perdidas.
Lolita… líder social: Lolita: ¿Qué pasó con las tarifas de la luz?... ¿Qué pasó con tu defensa del Todo Americano?


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