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01/02/2013 17:44 Por:

Celorio recordó que Rubén Bonifaz fue su profesor de latín en su época de estudiante. Foto: Cortesía
MÉXICO, D.F.(Agencias) Para el escritor Gonzalo Celorio, pasará mucho tiempo antes de aquilatar en su justa dimensión a la obra y figura de Rubén Bonifaz Nuño, un gran maestro, extraordinario traductor, enorme poeta y un universitario de entraña de toda la vida.
El también secretario de la Academia Mexicana de la Lengua recordó que para el traductor y poeta Bonifaz Nuño la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) lo era todo, como él mismo solía decir. "Parafraseando a don Fausto Vega habría que decir: al mal tiempo, Rubén Bonifaz Nuño", señaló.
En entrevista, dijo que en lo personal lo recuerda como su maestro entrañable. "Fue mi profesor de latín, hombre de gran sencillez a pesar de su enorme historial académico; fue mi profesor en mi época de estudiante, allá en el año 1969".
Refirió que en ese entonces Bonifaz Nuño le dictaba algunos apuntes y de vez en cuando se detenía para disculparse con la clase y preguntar si no iba muy rápido. "Eran apuntes tan cesudos como útiles, y buenos para poder trabajar en las conjugaciones latinas".
Celorio recordó que después lo conoció como un gran poeta, amargo y doloroso; para él, dijo, Rubén Bonifaz Nuño llegó a ser el mejor poeta vivo de México hasta ayer por la tarde, y dijo que así lo recordará de manera imperecedera.
Añadió que con el paso de los años, cuando Celorio se desempeñó como coordinador de Difusión Cultural de la UNAM, le tocó trabajar de manera muy vinculada con el poeta fallecido ayer en esta ciudad a los 89 años de edad. Él era una institución dentro de la UNAM, subrayó.
Considero que no era necesario que don Rubén hubiera sido miembro de la Junta de Gobierno universitaria, o coordinador de Humanidades durante muchos años, o fundador del Instituto de Investigaciones Filológicas, para que fuera una institución.
Anotó que en su mente queda la imagen del poeta mientras despachaba en su oficina de la Biblioteca Central de la UNAM, y aún no termina de asombrarse de que Bonifaz Nuño paulatinamente fuera perdiendo la vista, pues acotó que nunca dejó su trabajo ni su labor creativa.
"A mí me sorprende que halla podido traducir 'La Ilíada', de Homero, directamente del griego, cuando en realidad su especialidad era el latín, y cuando prácticamente ya no tenía visión", destacó.
Celorio expuso que también lo recuerda como un hombre humorístico, hacedor de frases de extraordinario ingenio, como "Lo único bueno de la lucha de clases, es que la vamos ganando".
Puso en relieve que Bonifaz Nuño fue dueño de una gran sabiduría y empeño, siempre con la carcajada a flor de piel. Un hombre simpático y agudo si se trataba de bromear, lo mismo que un ser humano de una sola pieza si el tema era serio.
"Lo recordaremos siempre con tristeza por su partida, pero con una sonrisa en los labios por su gran vitalidad, su generosidad académica, su dedicación a la UNAM y sus incalculables aportaciones a la traducción y a la poesía mexicana", finalizó.
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