#CronicasDelCentro: Taquería "Tormenta del Desierto" el rey del sabor callejero

#CronicasDelCentro: Taquería "Tormenta del Desierto" el rey del sabor callejero

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#CronicasDelCentro: Taquería "Tormenta del Desierto" el rey del sabor callejero

#CronicasDelCentro: Taquería "Tormenta del Desierto" el rey del sabor callejero
Foto: Redacción/GH
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MEXICALI, Baja California(GH)
Con el mercurio del termómetro a tope, la humedad en cifras de dos dígitos y el humo circundante, el pequeño local se convierte en una suerte de temazcal, aunque los que estamos ahí es para darle gusto al gusto.

Un pequeño portacool se esfuerza por disipar el humo y la humedad. Pobre. Con servilletas, algunos intentan secarse el sudor del rostro. Todos estamos sentados en una barra en escuadra que le hace reverencia a un asador.

“¿De harina o de maíz?”, me pregunta don Miguel, el hombre frente a las brasas que asoma su rostro entre el humo blanco donde la campana extractora, que involuntariamente hace la función de claraboya, deja caer un rayo de la luz del sol. Obviamente pido de harina, para que el pecado sea digno de cometerse.



Frente a cada comensal en la barra, indistintamente, hay un aguacate entero en un plato envuelto en bolsa plástica. “¿Vas a querer camarones, champion?”, me consulta don Poncho, un hombre de bigote y gorra en el otro extremo de la barra. Nadia, una de las meseras, regresa con un pequeño plato de plástico, de los que simulan la forma de molcajete, copeteado de frijoles de la olla.

El ritual se repite con cada cliente. Algunos conocedores piden la retacería de la aguja o costillas. Otros más, como dijo Fox, comen y se van. El calor les espanta. Los demás comen calmadamente, platican, ríen y, paradójicamente, se quedan para hablar del insoportable calor que hace este día.

Este año, la taquería La Tormenta del Desierto, cumple cincuenta años. Agujas, costillas y la famosa “sarrachera” son parte de los cortes en el menú de este legendario y recóndito lugar que compensa la limitación del glamur en sus instalaciones con un sabor que satisface el paladar de cualquier norteño carnívoro. Una parada obligada en el Centro de la ciudad.

Una deportación fortuita



Como uno más de los cientos de mexicanos que participaron en el Programa Bracero a mitad del siglo pasado, don Eleazar Herrera Molina aprovechó para trabajar en Estados Unidos. Originario de Zamora, Michoacán, dejó una familia atrás mientras buscaba hacerse una vida en el extranjero.

En Bakersfield, California, se desempeñó en el campo, dice don Poncho, hasta que el cambio de parecer y de retórica de los presidentes en turno, así como el espinoso tema de la migración, hizo mella en este tipo de programas. Al final, como ha ocurrido, don Eleazar ya no fue requerido y por consecuencia, fue deportado. A México regresó por la capital bajacaliforniana.

Aquí decidió quedarse. En un próspero Centro de la ciudad pensó que había oportunidades de comenzar un negocio. Para 1968, antes de comenzar el Mundial de fútbol, don Eleazar abrió una pequeña taquería que ayudaba a alimentar a la fuerza trabajadora del mercado “Braulio Maldonado”.



Este pequeño negocio se aparcó en la calle Juan Aldama, en la periferia del mercado y a unos metros de donde el Dren 134, años después, se convirtió en la calzada bautizada con el nombre del mexicalense distinguido, James W. Stone.

Resquicios de cultura pop

La taquería parece suspendida en el tiempo, inmutable. Sigue conservando una leal clientela que responde al llamado de las columnas de humo blanco que delatan la presteza de las costillas y las agujas de res.

No siempre se llamó Tormenta del Desierto. Don Poncho, cuyo nombre completo es Luis Alfonso Herrera López, hijo de don Eleazar, cuenta sobre la evolución del nombre, desapegado a todo lo personal, pues siempre trató de ponerle nombres “pegajosos”.

Desde su apertura, no recuerda exactamente el día, tuvo distintos nombres. Bromea y dice que lo nombraron como una funeraria, luego como “Lomas Taurinas” o “Todos los caminos llevan a Francia”. Alguna vez, asegura, su papá intentó ponerle “Las Vacas Locas”, pero se dio cuenta que nombrarlo como el brote de la enfermedad de finales de los noventas, no sería muy benéfico para el negocio.



A principios de 1991, la operación Tormenta del Desierto marcó un episodio en la Guerra del Golfo cuando Irak, con Hussein al frente, invadió Kuwait. El nombre de esta operación militar se popularizó en esta década y don Eleazar decidió rebautizar la taquería.

Este nombre poco, o más bien nada tiene qué ver con el conflicto, salvo su desdichada popularidad. Aún así, los hijos de don Eleazar decidieron mantener el nombre al ser el último que su padre eligió para el negocio. Don Eleazar falleció el 4 de noviembre de 2007.

Firma gastronómica

El humo danzante, en su elevación ineludible, llama a los amantes de la carne. La sencillez culinaria de sus tacos será de todo, menos pretenciosa. La preparación de la carne es una receta y secreto familiar.

El aguacate completo para cada comensal es, probablemente, la firma más importante que los distingue de la competencia. Su cercanía con el mercado “Braulio Maldonado” les permitió por años adquirir el producto a precio asequible. Aunque la economía ha cambiado, resolvieron no interrumpir este rito culinario que su padre inició.



Las costillas y las agujas de res son su firma secundaria. A estas alturas las calorías importan poco, pues probablemente las que se consuman son equivalentes a las que se sudan en este verano en la taquería.

Como lo marca el manual callejero del buen comer, los tacos de la Tormenta se acompañan de un refresco de medio litro o con agua de la llave, como don Poncho le dice humorísticamente al agua de limón que prepara.

El humo que aflora del asador impregna a todos por igual, permitiendo que todos se vayan con un agradable aroma carnívoro luego de zampar unos buenos tacos.

De vínculos y patrimonio

Sin duda sus instalaciones habrán visto mejores años. Detalle que a muchos no les preocupa, pues la carne es la carne, y la de la Tormenta mantiene seducidos a muchos. Don Poncho y don Miguel vienen de una cepa más enfocada en la sazón que la decoración.

Ambos tienen un singular sentido del humor que hace de la taquería algo más que un lugar para comer. Clientes de otras ciudades siguen llegando en busca de tacos decentes. Algunos famosos, como Jaime Maussan, se han ido con buen sabor de boca, dice don Poncho.

Una de las hermanas administra la sucursal de la colonia Anáhuac, abierta desde hace unos 15 años. Charly,El Champion, es el hermano mayor que atiende por las tardes la sucursal del Centro Histórico.

En el enrevesado de historias del primer cuadro de la ciudad, don Charly conoció y aprendió del maestro Valencia cuando tenía su gimnasio en la colonia Anáhuac y que ahora es parte del patrimonio intangible en el Centro Histórico, con la creación del sistema de karate Kofuja Do.

Algunos de los clientes veteranos como el señor Grajeda, Pablo Ibarra o Pancho Sistiaga, dice don Poncho, siguen visitando el pequeño y rústico puesto de tacos.

A la Tormenta del Desierto le quedan muchos años por delante, pues las nuevas generaciones son las que siguen atendiendo y administrando la herencia familiar que dejó don Eleazar, una herencia a la que muchos mexicalenses consideramos parte del acervo y patrimonio gastronómico de la capital bajacaliforniana.
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