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Nuestros genes determinan cómo será nuestra pareja

Nuestros genes determinan cómo será nuestra pareja

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Nuestros genes determinan cómo será nuestra pareja
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(Tomada de la Red)
Aunque se suele decir que los polos opuestos se atraen, distintos estudios sostienen que la mayoría de nosotros tendemos a emparejarnos con personas con las que mantenemos una cierta afinidad. Es así, al menos, cuando se trata de una relación duradera.

Puede que se trate de un parecido físico –una altura o una masa corporal similar–, intelectual o de carácter.

Ahora, un amplio estudio llevado a cabo entre 24.000 matrimonios apunta que esto no ocurre por casualidad, sino que se trata de una elección que viene impuesta, por así decirlo, por nuestro ADN.

Aunque se suele decir que los polos opuestos se atraen, distintos estudios sostienen que la mayoría de nosotros tendemos a emparejarnos con personas con las que mantenemos una cierta afinidad.

Es así, al menos, cuando se trata de una relación duradera. Puede que se trate de un parecido físico –una altura o una masa corporal similar–, intelectual o de carácter.

Ahora, un amplio estudio llevado a cabo entre 24.000 matrimonios apunta que esto no ocurre por casualidad, sino que se trata de una elección que viene impuesta, por así decirlo, por nuestro ADN.

En un artículo publicado en la revista Nature Human Behaviour, Robinson y sus colaboradores destacan que los humanos solemos elegir parejas con una genética similar a la nuestra; esto ocurre especialmente en los sujetos en los que es más evidente el emparejamiento selectivo, esto es, la tendencia a relacionarse con personas que se asemejan a ellos de algún modo. Esta estrategia conlleva que los parecidos de los progenitores con su descendencia y entre los propios hermanos sean mayores y, según se ha observado en la naturaleza, puede favorecer la supervivencia de los retoños.

Los científicos no solo apreciaron este vínculo en los marcadores genéticos relacionados con los rasgos físicos, sino también en aquellos que se suelen tener en cuenta cuando se examinan la educación, los intereses vitales y el comportamiento.

En opinión de Robinson y su equipo, esto sugiere que el citado emparejamiento selectivo aumenta considerablemente las posibilidades de que un determinado rasgo pase de padres a hijos, desde la propensión a ser más altos o interesarse por un tipo concreto de estudios hasta la tendencia a desarrollar ciertos trastornos mentales, como la esquizofrenia.
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