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COLUMNA HUÉSPED
Columna Huésped

Guillermo Argote y la Baja California musical

Para entender el Mexicali de mediados del siglo XX, el Mexicali musical por excelencia, hay que señalar la presencia de bandas o conjuntos musicales (como el de la empresa de la Jabonera), que lo mismo podían amenizar un convivio social que presentar un programa de música formal. Y las sorpresas estaban al orden del día, pues las presentaciones musicales de entonces no se reducían únicamente a la visita esporádica de alguna compañía de ópera o de una orquesta conocida. En el Mexicali de aquellos tiempos, como lo refiere Rafael Martínez Retes (Novedades de Baja California, 2-II-1990), ya había músicos capaces de encender el entusiasmo de los pocos o muchos melómanos existentes, pues “en 1954 ó 1955 la Asociación Civil Pro-Arte (ACPA), que formábamos un grupo de amigos aficionados al arte en sus diversos aspectos, invitamos al notable pianista Miguel García Mora, a la sazón Director del Departamento de Música del Instituto Nacional de Bellas Artes, a dar recitales en Mexicali y Ensenada. Llevaba en automóvil al maestro García Mora cuando me habló de Guillermo Argote, también miembro de ACPA, y le di mi atrabancada opinión de que era modesto y los bajacalifornianos no reconocían que teníamos al mejor músico del Estado. Con gran indignación dio un manotazo al tablero de instrumentos del auto y me dijo: ¡Tienen ustedes al mejor músico de México y otras partes! Si no lo aprovechan, allá ustedes”.

La presencia de Guillermo Argote, junto con la de otros músicos eminentes como Santos Carbó, Ifigenio Rodríguez, Alfonso Vidales y Luis Ortega Galaviz, fue la que hizo que Mexicali empezara a interesarse por la música formal gracias a su propio entusiasmo y rigor en la enseñanza musical. Ya Miguel de Anda Jacobsen ha recordado (El Mexicano, 21-II-1990), que el maestro Argote Camacho fue “un virtuoso músico mexicano”, un violonchelista ejemplar que “se levantaba por las mañanas para enseñar la llave sol a los niños bajacalifornianos, a los jóvenes, a los seres humanos; que haciendo de la música su modus vivendi, se ganaba la vida tocando en los conjuntos populares o folclóricos; acompañando a los artistas populares o tocando en los centros nocturnos de las ciudades, particularmente de la capital, la siempre activa y risueña Mexicali, con sus calores desquiciantes y sus fríos glaciales, pero con gentes cuyos corazones, sanos y sinceros, siempre abiertos, saben dar y recibir afecto y ternura. Con el maestro Argote, se acabaron los filarmónicos orejanos, como popularmente se les llama por acá, para conocer, como se debe, el imán de la música: la armonía, la melodía, la concertación, los ritmos, la musicalización y todos esos secretos de los que depende ese universo que arropara a genios inmortales como Beethoven y Mozart; Kachaturian y Revueltas”.

Otra faceta importante de su labor en Mexicali fue la composición musical. Como lo indica Jorge Charles Piña (Percepciones, abril 1990), “sus inquietudes, su afán emprendedor y su cultivada inteligencia, aunado al remanso espiritual que le ofreció este valle de promisión, lo inspiraron para escribir e instrumentar el ballet Historia de Baja California en dos cuadros, conteniendo el preludio, danza de la vida, danza de la caza del gavilán, danza de los misioneros, interludio y danza de la siembra. Estos cuadros son la remembranza histórica de los indígenas pobladores de la península, los misioneros con su labor de redención, los soldados españoles conquistadores, los productos arrancados de la ubérrima tierra californiana: algodón, trigo, viñedos y las costumbres ancestrales: la novia, la doncella virtuosa, el novio, el mensajero, el brujo y el gavilán. Argote fue autor también del Canto a la Escuela Normal Fronteriza de Mexicali; organizó y dirigió por mucho tiempo el orfeón de la Escuela Normal Nocturna del estado y con este grupo plasmó en acetatos los testimonios vernáculos de la canción mexicana”.

Maestro de maestros, a don Guillermo Argote los mexicalenses aún le debemos un homenaje en forma, una memoria de sus tantos logros.

* El autor es escritor y miembro de la Academia Mexicana de la Lengua.

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