LACRONICA.COM - EXÉGESIS
COLUMNAS
EXÉGESIS
EXÉGESIS

Políticas públicas y privadas contra la violencia

Últimamente hemos visto crecer la violencia en México, un México ya casi olvidado que se bañó de sangre (un millón de mexicanos), con motivo de la Revolución de 1910, que ocupan pequeñas partes del territorio, valles y colonias de la ciudades. A tal grado que nuestras instituciones resienten los efectos de la desestabilización política, económica y social.

Los pequeños poblados son tomados por asalto por grupos de civiles armados o desarmados, organizados o desorganizados, pero que ponen en peligro el orden institucional, al grado tal que hay carreteras por las cuales no es posible transitar, por la inseguridad que hace víctima al viajero, no son pocos los ataques que día con día sufren los que transportan personas o mercancía, y el Ejercito y la Marina se ven en dificultades para mantener el orden y la seguridad e incluso con el uso para la disuasión de armamento de alto calibre.

Todo esto hace pensar en estado de debilidad por parte del Ejecutivo federal frente a los que abiertamente se encubren en grupos de gavilleros, lo que revela la falta de liderazgo político en el país.

De ahí que sea importante o casi determinante que el primero de julio se dé un proceso político de claridad indubitable y eso implicará cambios estructurales en la política y en la administración del país. Estos cambios estructurales de los que hablamos deben sustentarse en un desarrollo económico jurídico y político que sea viable.

Mientras no se haga justicia social, se corre el peligro de que la inquietud colectiva se convierta en levantamientos armados que dañarían el desarrollo social alcanzado hasta ahora; es tiempo de entender que el hartazgo que vive la ciudadanía no se puede acallar si no alcanzamos gobiernos democráticos socialmente aceptados, apegados al derecho y respetuoso de las garantías constitucionales.

Todo hace pensar que Andrés Manuel López Obrador será el próximo presidente constitucional de mexicanos, y ya desde ahora debe pensarse en programar una política cicatrizadora, sin división de clases o de partidos, y para ello se requiere un pacto social amplio y universal, esto es, un acuerdo nacional en el que todo ciudadano se sienta partícipe, desechando la inquina, la malevolencia; en otras palabras, necesitamos un acuerdo nacional donde prevalezca el interés del país y eso significa que los más pobres, que los ninis (los que ni estudian ni trabajan), vean realizadas sus esperanzas de contar con un trabajo digno, y el trabajador deje de ser víctima de la explotación, la marginación y la discriminación social. Tienen razón quienes afirman que no es tiempo de venganzas ni de remover cenizas, errores gubernamentales atribuibles a la mala actuación de uno u otros partidos, sin embargo, los asesinatos, los desaparecidos, los megafraudes, no pueden pasar al olvido sin ser castigados, y reparar el daño financiero y económico causado a la nación; no se vale en este caso que el futuro presidente, El Peje, deje sin castigo a los que se han enriquecido quitándoles el pan de la boca a los más pobres.

No castigar los abusos del poder, las negociaciones ilícitas, los homicidios, las desapariciones forzadas y el peculado, implica que quede latente el descontento ancestral por falta de justicia. Lo que significa no a la venganza, pero sí a la reparación del daño causado por incumplimiento a las leyes del país.

Para instrumentar la operación cicatrización, habría que llamarse a los hombres y mujeres del país incapaces de negociar o las debilidades que en este momento presenta el estado mexicano, ésta es la academia de los estadistas en la intelectualidad, en los liderazgos del campo y de la fabrica donde se puede encontrar gobernantes limpios que piensen más en el cambio social que en su propia conveniencia, como los gobiernos actuales que han servido más para el enriquecimiento de grupos de personas que para transformar un país al borden de la crisis.

P. D.: En este momento oscuro empresarios, industriales, campesinos, obreros, académicos, deben permanecer atentos a las invitaciones, a la anarquía y al desorden llegan a prevalecer el orden, la seguridad dentro del espacio que la Constitución brinda en el capítulo de los derechos humanos.

El autor es abogado y catedrático de la UABC.

Los comentarios a las notas son responsabilidad de los usuarios. Ayúdenos a que sus contenidos sean adecuados. Participe responsablemente y denuncie los comentarios inapropiados. Los comentarios que sean denunciados por los usuarios se eliminarán de forma automática. Revise por favor las reglas completas que regulan los comentarios de los usuarios.