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Achichincle

“Que conste que no soy achichincle de nadie”. Aclaración no pedida de quien sí lo es o está a punto de convertirse en uno. Aunque lo niegue, se le reconoce de inmediato. Es aquel subordinado que se le pega como lapa a un superior, que cumple sus órdenes arbitrarias y antojos desmedidos con fe ciega y, por si fuera poco, lo adula como si fuera un dios.

En México, los achichincles abundan y nadie sabe con precisión para qué sirven. A no ser como símbolos de poder que a los vanidosos en exceso les gusta exhibir. Mientras más achichincles los acompañen y revoloteen a su alrededor, más potentados se sientes. Algunos pocos lo son; pero la mayoría sólo aparenta tener un alto nivel.

Un achichincle profesional no contradice a su jefe, no le interrumpe y no le aconseja nada. Es extraordinariamente cauto y si su patrón o patrona meten la pata, los justifican alegando que se equivocaron a propósito.

Por eso, reconozco que ser achichincle no es nada fácil. Porque, sean como sean, caen mal. Si uno les pregunta algo tienen que fingir que son sordomudos y si su jefe se ríe, ellos tienen que gesticular que se ríen sin emitir sonido alguno. Entiendan o no el motivo de la hilaridad. En síntesis, Los achichincles son como las tortillas de hasta arriba: ¡Nadie las quiere!

LA PALABRA DE HOY: ACHICHINCLE

Nahuatlismo puro que hoy se utiliza para calificar a un ayudante servil. En náhuatl y sin cambiar una sola letra, 'achichincle' quiere decir “el que chupa agua”. Al desmenuzarla, 'chinchinqui' significa “que chupa” y atl / “agua”. En tiempos remotos, un achichincle era un obrero que sacaba el agua que emanaba de los manantiales subterráneos de las minas.

En el Diccionario Breve de Mexicanismos de Guido Gómez de Silva aparece una expresión muy cierta: “Comenzar como achichincle y terminar como ahuizote” que equivale a “empezar como ayudante y acabar molestando mucho”. ¿Pobres achichincles? Pues no. Les pagan y a algunos hasta les gusta serlo.

DE MI LIBRERO: EL BURÓCRATA

Desempolvé y leí divertidísimos pasajes de la novela El Burócrata del escritor colimense Gabriel de la Mora, una edición de 1975. ¡Uy, de hace 43 años!

Espero que mis amigos burócratas (que los tengo) y sobre todo los de más alto rango no se me amuinen. Pero de entrada transcribo una pregunta de la contraportada: ¿Es cierto que los burócratas son como los libros de una biblioteca? Los que están más arriba son generalmente los que menos sirven.

Es la novela, Dulio es un joven que va a pedir trabajo en una dependencia pública. Como va a pedir y no a dar no lo dejan entrar. Pero un amigo de mero mero lo defiende, diciendo: “Este joven viene a dar su trabajo, su juventud y su probidad…y les va a dar en la madre a todos los parásitos vividores que no saben hacer otra cosa más que adular a los de arriba…”

No los mienta como tales, pero por ahí andan revoloteando varios achichincles.

El autor es profesor de Redacción Creativa en Cetys Universidad.

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