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Furia y demencia de Trump y su familia

El libro Fire and Fury Inside the Trump White House, del controvertido autor Michael Wolff, es el centro de atención en Estados Unidos y el mundo, y tiene muy, pero muy molesto al presidente Donald Trump, porque se metió a darle una muy buena y crítica mirada a los habitantes de la Casa Blanca y al cerebro de Trump. Y para muchos el libro es un compendio de chismes, pero aunque sólo fuera [verdad] 20 por ciento de lo que se plasma en Fire and Fury, ciertamente nos pone a temblar, sobre todo los cuestionamientos de la salud mental del presidente de Estados Unidos.

Michael Wolff defendió su libro diciendo que “por supuesto que sería irresponsable no cuestionar la capacidad de Trump” de estar al frente de la administración. Wolff agregó que todos los que están alrededor del presidente están preocupados por su capacidad.

La Casa Blanca denunció el contenido del libro y salió en defensa de presidente. La portavoz Huckabee Sanders dijo: “Si él no fuera apto, probablemente no estaría sentado ahí y no habría derrotado al grupo más calificado de candidatos que el Partido Republicano haya visto”.

El mismo Trump tuiteó en su defensa que ser el “presidente de Estados Unidos (en mi primer intento). Creo que calificaría no como inteligente, sino como genio... ¡y un genio muy estable!”.

Al defenderse, Trump nos vislumbra su demencia.

El libro no solamente refleja un cuestionamiento a la salud mental del presidente, sino la percepción de su capacidad intelectual. El libro destaca cómo se expresan de él las personas en su círculo más cercano. Empezaremos con los adjetivos más light hasta llegar a los que están al rojo vivo. No los traduciré textualmente por respeto a ustedes, pero se podrán imaginar qué palabra es. Los más light: “Un idiota”, según el secretario del Tesoro, Steve Mnuchin, y por separado, el exjefe de gabinete, Reince Priebus, escribió Wolff.

“Un niño”, según la jefa adjunta de Gabinete, Katie Walsh. “Un baboso”, según el consejero de Seguridad Nacional, H.R. McMaster. Los más subidos de tono: “A fucking idiot”, lo calificó Rupert Murdoch. “A fucking moron”, según el secretario de Estado, Rex Tillerson. “Dumb as shit”, apuntó el director del Consejo de Economía Nacional, Gary Cohn.

Uno de los aspectos más sorprendentes que se resaltan al principio del libro, es que ni Donald Trump ni su familia pensaban que iba a ganar la presidencia. Toda la familia y allegados a Trump querían usar la plataforma del proceso electoral para beneficiarse –Trump buscaba crear un nuevo medio de comunicación para los electores de la extrema derecha y sus hijos, que tendrían más poder para promover su imagen alrededor del mundo para hacerse aún más ricos. Ivanka Trump y su esposo Jared Kushner “se transformarían de niños ricos desconocidos a celebridades internacionales, y su esposa Melania regresaría a poder salir a almorzar sin que nadie la reconociera”.

Trump suponía que no iba ganar. Por eso ninguno de ellos se preocupó de los diferentes escándalos que los perseguían.

Pero con los resultados sorpresivos de las elecciones, ahora Trump y su familia tendrían que cambiar de planes.

Al parecer, la familia de Trump ve sus papeles en la Casa Blanca como meros escalones. Ivanka Trump y Jared Kushner hicieron un pacto: “Si en algún momento en el futuro surgiera la oportunidad, ella sería la que se postularía para presidente. La primera mujer presidenta. Ivanka no sería Hillary Clinton, sería Ivanka Trump”, fue lo que escribió Wolff.

Jared Kushner, gracias a su suegro, incursionó en la política exterior de Estados Unidos. Yerno y consejero principal de Trump, el cual ha asistido a todas las reuniones, aparece en cada fotografía, tiene acceso a la Oficina Oval. De acuerdo con el vocero de la Casa Blanca, Sean Spicer, la labor de Kushner ha sido fortalecer los lazos de Trump con los demás líderes mundiales, pero en específico con los países y conflictos que históricamente le han dado más 'batalla' a Estados Unidos: la negociación del Medio Oriente. El yerno mravilla estuvo a cargo de la negociación con el gobierno de México, en plena polémica por las exigencias de su suegro de que nuestro país pagaría por el muro fronterizo. De hecho, él era el contacto directo del canciller Luis Videgaray con la Casa Blanca.

¡Gulp! Que mala apuesta por parte del gobierno de México y que lección tan importante para todos los candidatos a la presidencia, gubernaturas y alcaldías: no metan a la familia en el negocio de la política.

Opine usted: www.anamariasalazar.com

* La autora es analista político.

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