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MAR DE FONDO
MAR DE FONDO

El panismo salvaje en BC

El panismo en Baja California ha tenido una evolución regresiva desde que llegó al gobierno. De las preocupaciones más amplias sobre la democracia, la honestidad y la eficiencia en la administración pública, incluyendo el fomento de la ciudadanía, pasó desde hace tiempo hacia un esquema atropellado y arbitrario, en el que importan más los negocios, la promoción de los amigos y el control de la nómina.

Varios gobernadores y alcaldes panistas que han ocupado un puesto público desde 1989 han aportado en este proceso degenerativo, pero quien más ha contribuido a marcar esta pauta es el actual gobernador Francisco “Kiko” Vega de Lamadrid. “Kiko”, para decirlo de este modo, es la antítesis del PAN, por lo que este partido representa o representaba en términos de principios y postulados democráticos, por lo menos antes de que llegara al poder.

Con “Kiko” Vega se ha impuesto una forma de gobernar autoritaria, violenta y agresiva, basada en la fuerza y en la aniquilación o denigración de los adversarios políticos, a los que se les trata como agentes desestabilizadores y cuyos objetivos son siempre de carácter político o electoral. En la visión acortada de “Kiko” Vega y su equipo de gobierno, en Baja California no hay malestar social o inconformidad contra el gobierno, lo que hay son agentes políticos contrarios que se oponen al panismo.

Hay muchas frases y declaraciones constantes a la prensa y a los medios en las que el Gobernador y otros funcionarios como el acalde de Tijuana Juan Manuel Gastélum, y más recientemente del diputado Raúl Castañeda Pomposo, por mencionar los más visibles y persistentes, que expresan este talante autoritario, pero que al mismo tiempo revelan un gran desconocimiento del papel de los gobiernos y de las normas mínimas que representa un régimen democrático.

Castañeda Pomposo, por ejemplo, ha declarado abiertamente ante el cuestionamiento de los líderes empresariales, que la agenda legislativa la hacen los diputados y nadie más; o también que es la fracción panista en el Congreso la que tiene “la mayoría”, por lo que, en esta lógica atrabiliaria, el resto de los legisladores no cuentan o no es necesario tomarlos en cuenta.

Pero no es sólo el discurso rudo, arcaico y atrabiliario de un político zafio el que debe preocupar a la sociedad, como el que sostienen sistemáticamente los personajes mencionados, sino sus acciones concretas que plasman en leyes y en políticas públicas, como ha sucedido recientemente con la aprobación del decreto 95, en una sesión a escondidas, en la que la fracción panista impuso su mayoría.

Hay que verlo en acciones concretas como la de erigir un muro en el recinto del Congreso para evitar las protestas de los ciudadanos, sin consultar al resto de los legisladores; hay que verlo en las concesiones que el Gobernador o algunos alcaldes hacen a empresas conformadas por sus amigos; en los negocios que se esconden detrás de muchas licitaciones, en las nóminas que se engordan dando cabida a empleados incondicionales del gobierno.

También hay que verlo en la persecución de líderes sociales como Rigoberto Campos en el valle de Mexicali, o de otros que son demandados por oponerse a sus políticas públicas; en los “guardias blancas” que protegen las instalaciones de la Consttelation Brands, violando el Estado de derecho; en el hostigamiento y la denigración que hacen sus operadores y adláteres de los líderes sociales que cuestionan su forma de gobierno.

El gobernador “Kiko” Vega y todo el panismo que gobierna actualmente en Baja California carece de legitimidad política, ya sea por el cansancio y el hartazgo de la población contra los partidos y los gobiernos, como también por la falta de respuesta de éstos ante los problemas de las ciudades, que se agravan y acumulan peligrosamente, como el de la inseguridad, los servicios públicos y muchos otros.

Para enfrentar esta falta de legitimidad y el malestar creciente que se aprecia en varios sectores, el gobierno estatal con sus alcaldes y diputados, han adoptado una política agresiva y violenta contra todos sus oponentes, haciendo del gobierno una trinchera de guerra, promovida a través de medios de comunicación pagados o subsidiados desde donde se defienden sus acciones, complementada con una campaña masiva en la que se reparten despensas y otras cosas a los sectores populares.

Ningún gobierno con esta precaria legitimidad haría lo que está haciendo el panismo en el estado, porque si bien a corto plazo puede imponerse recurriendo a la fuerza y a la amenaza constante, el saldo posterior será el desprestigio total de los gobiernos, del PAN, de los diputados y alcaldes, un vacío que puede abrir la puerta a mayores niveles de violencia y corrupción política.

Es triste y lamentable, pero el PAN en BC pasó de ser una promesa a una amenaza para la sociedad.

El autor es analista político.

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