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Las dos caras del diputado

"Por el derecho a la libertad de expresión"

No cabe duda de que el poder no cambia a las personas sino que reafirma sus tendencias conductuales. Benjamín Gómez, diputado por el VII Distrito Electoral de Tecate, juró luchar por la justicia refrendando el respeto a la Ley y casi se tiró al piso rogándome por que votara por él. Mi respuesta fue que nunca había mostrado rectitud como funcionario público y era un auténtico corrupto, por consiguiente no votaría ni por él ni por Nereida Fuentes. Mucha gente les creyó y ahora pueden ver las consecuencias: El diputado vota en el Congreso según le suenen las tripas.

Cuando actuó como secretario particular de Javier Ignacio Urbalejo Cinco en el XX Ayuntamiento, le sirvió como tapadera y lo protegió hasta las últimas consecuencias, por lo cual fue premiado para seguir siendo funcionario de primer nivel con el corrupto de César Moreno ex presidente municipal del XXI Ayuntamiento de Tecate. Ahora, como presidente del Congreso, tiene la capacidad de liderar y realizar acciones contra la corrupción pero eso no está dentro de sus metas. Con las cuentas públicas de todos y cada uno de los ayuntamientos actuales y pasados, puede promover y debe iniciar investigaciones para deslindar responsabilidades de los servidores públicos. La corrupción es tan vigorosa que puede ser ubicada inmediatamente. Quienes no la detectan son miembros y promotores activos de la misma. Benjamín Gómez es uno de ellos. Su actuación como demandante de la utilización de la fuerza pública de los tres niveles de gobierno, contra quienes protestaban contra los dictámenes de "Kiko" Vega y sus sociedades secretas, lo convierte de cachorro aprendiz a notable miembro del poder político. Ya no hay marcha atrás, se definió como represor y olvidó que su fuerza se la debe al electorado.

Es en estos casos cuando la grieta entre ciudadanos y funcionarios electos se agranda y se bifurcan los caminos. Cada quien jala para donde le conviene. A Benjamín Gómez no le interesa reforzar el marco jurídico sino distender la frontera de la ilegalidad. Pero, realmente, no es sólo él quién no busca la gobernabilidad. Son todos los miembros de la XXII Legislatura los que olvidan quiénes los pusimos en esa silla, misma que buscaron por los beneficios económicos y oficiales.

La olla rellena de políticos que anteponen los interese partidarios contra la justicia y la legalidad, que es en lo que se le ha convertido al Congreso del Estado, no da para más. Ellos andan ocupados en las próximas campañas políticas y su horizonte se estrecha cada vez más. A los panistas en el poder los diputados priistas detestan pero siguen incansables sus propuestas. Son votos seguros sin importar su impacto en la sociedad. De este nivel son Benjamín Gómez y sus compañeros. No promueven leyes, promueven la sinrazón, la violencia, la violación a los derechos constitucionales de los bajacalifornianos por medio de la represión. Vale.

* El autor es licenciado en Economía con Maestría en Asuntos Internacionales por la UABC.

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