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ECOANÁLISIS
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Embajador cucapá

El borrego cimarrón macho y viejo rescatado por la familia Verdugo y el ex Rector de la UABC, Alejandro Mungaray, ha causado revuelo en los medios y sobre todo en las redes sociales. Desde hace varios años que Alejandro me comenta de sus encuentros cercanos con cimarrones en esta serranía netamente cachanilla, e incluso me ha proporcionado algunas fotos de esos avistamientos. También la experiencia de haber descubierto aquí la presencia del puma, avalada por el Mtro. Jorge Alanís, investigador del gran depredador desde la Facultad de Ciencias, UABC, Ensenada, B.C.

Esta vez trajeron una prueba viviente no sólo de la presencia del símbolo de Baja California, el borrego cimarrón, sino la confirmación de sus encuentros cercanos con esta carismática especie de los ecosistemas desérticos de América. Coincido con el director del Bosque de la Ciudad en que el ovejo rescatado tiene más posibilidades de sobrevivir, aunque sea unos cuantos años extra en el Bosque que si se le regresara de nuevo a la Sierra Cucapá, debido a su avanzada edad.

Y esta decisión se avizora como de grandes consecuencias. Miles de cachanillas primero, y del resto del Estado después, tendrán la oportunidad única de ver de cerca y en vivo a un magnífico ejemplar de “Ovis canadensis cremnobates”, el borrego del Estado de Baja California. Sus hermosos cuernos dorados muy desgastados por la edad al utilizarlos como herramientas para voltear “raíz pá riba” biznagas “brújula”, para comerles la raíz primero y la pulpa después, acusan su experiencia en el sobrevivir en una de las sierras más áridas de su hábitat.

Quienes nos interesamos en esta especie, sobre la cual he publicado tres libros y decenas de artículos y columnas, compartimos que los borregos de la Cucapá son enanos, sus cuerpos pesan y miden menos que el promedio de los “cremnobates”. Recuerdo un pasaje de la historia ambiental peninsular, en la que el cazador mexicano, Roberto García Maldonado, fundador y propietario de Chicles Canel, obtuvo en 1988 un permiso, el único concedido en la historia, para cazar un ovejo en la Cucapá.

Cuando localizaron al macho de mejores cuernos, guías experimentados le estimaron a la distancia unos 180 puntos Boone y Crockett, el sistema oficial para medir y registrar cornamentas de cimarrón en América. Roberto lo abatió y al llegar a él encontraron un cuerpo muy chico. Sus cuernos midieron solamente 145 puntos ByC. Esta experiencia nos enseñó una lección imborrable sobre esta población casi aislada del resto de sus congéneres.

El embajador cucapaense tiene una misión muy importante que cumplir en el mundo de los humanos. Nos dice: “Aquí estamos todavía. Sobreviviendo a pesar de los Ecozones, los furtivos y el temible puma. De las sequías y los malos tiempos. De las hambrunas y enfermedades. De la apatía de los humanos. Viviré mis últimos días entre ustedes para recordarles que nosotros también, los cimarrones, tenemos derecho a estar en esta sierra que se han adjudicado y pretenden destruir”. ¡Bienvenido embajador, “el tata” cucapaense!

*- El autor es investigador ambiental independiente.

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